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Evangelio mas que buenas noticias

¿Qué es el Evangelio? Más que Buenas Nuevas

La Biblia nos muestra que Jesús inició su ministerio predicando “el evangelio del reino de Dios” (Marcos 1:14). Jesús enseñaba sobre el evangelio y la gente debía arrepentirse y creer. Pero para arrepentirse y creer en el evangelio, es fundamental conocer qué es el evangelio.

La palabra “evangelio”, como muchos saben, significa “buenas nuevas” o “buenas noticias”. Y listo, ahí nos quedamos. Los más avezados dirán que la palabra “evangelio” viene del griego “euangelion”, palabra compuesta por: “eu” (bueno) y “angelion” (mensaje, anuncio, noticia), aunque no es la única palabra griega que se traduce como “evangelio” en nuestras Biblias.

Las buenas noticias: la promesa cumplida

Si evangelio significa “buenas noticias”, lo lógico sería preguntarnos en qué consisten esas buenas noticias, y si nos conciernen o no.

La buena noticia (evangelio) consiste en el cumplimiento de la promesa que Dios realizó a los antepasados israelitas acerca de que Dios enviaría a su ungido (Cristo, mesías) para salvar a su pueblo, haciendo expiación por los pecados de toda la humanidad por su muerte, y por medio de su resurrección dar vida a todo aquel que en él crea.

Una de las primeras predicaciones de Jesús fue la siguiente, en una sinagoga de Nazaret:

“El Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
A predicar el año agradable del Señor.
Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.
Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”

Lucas 4:18-21

Con estas palabras les estaba diciendo que él era el mesías que estaban esperando. La reacción de los oyentes no fue alegría… no creyeron y se llenaron de ira, incluso intentaron matarle.

Cuando Pablo predicó el evangelio en Antioquía, lo resumió de en los siguientes versículos:

“Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.”
Hechos 13:32-33 RV1960

“Dios prometió a nuestros antepasados que enviaría a un salvador, y nosotros les estamos dando esa buena noticia: Dios ha cumplido su promesa, pues resucitó a Jesús. Todo sucedió como dice en el segundo salmo: “Tú eres mi Hijo; desde hoy soy tu padre.”
Hechos 13:32-33 TLA

Buena noticia

¿Te alegras por la promesa cumplida? Si te prometieron que ahora en este mes te subirían el sueldo en un 50%, y visualizas tu estado de cuenta bancaria y te das cuenta que efectivamente te cumplieron la promesa ¿esa es una buena noticia? ¿Te alegras por eso?

Pero no todos se alegraron. Esta promesa era muy esperada en los tiempos de Jesús, sin embargo no le conocieron, pues, a pesar de que Jesús dio cumplimiento a todas las profecías relacionadas al mesías – los judíos esperaban a otro tipo de mesías, uno distorsionado por las circunstancias que estaban viviendo como nación bajo el yugo del Imperio Romano de entonces. Esperaban a un Jesús guerrero y político que salvara a su pueblo de los romanos. No les interesaba ser salvos de sus pecados.

Distorsiones al evangelio

En la antigua ciudad de Galacia se fundó una de las tantas iglesias en los territorios que actualmente están bajo el dominio de Turquía. Los hermanos de ese lugar habían recibido el evangelio de primera fuente, el único evangelio de Jesucristo. Pero luego empezó a mutar para convertirse en “un evangelio diferente”. Pablo les escribió:

“Estoy maravillado (horrorizado) de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.
Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” Gálatas 1:6-9

Eso ocurrió hace cientos de años en Galacia, pero sigue ocurriendo hasta nuestros días, donde muchos creen y profesan un evangelio diferente, distorsionado, no acorde a las Escrituras. Esos son evangelios hechos a la medida de los gustos de las personas y no conforme a Dios.

Necesidad y gustos: Agentes que distorsionan

Cuando esperamos cosas distintas de Jesús (como por ejemplo, un Jesús milagrero, un Jesús compañero, un Jesús ayudador) automáticamente se distorsiona nuestro entendimiento sobre el evangelio debido a nuestras necesidades y gustos: Ya no es el salvador de nuestros pecados, sino el salvador de nuestras finanzas, el salvador de nuestra salud, el salvador de nuestras relaciones matrimoniales, etc. Y nos ciega el mismo velo que cegó a los judíos cuando no conocieron a Jesús, porque su evangelio era del reino de los cielos, pero ellos esperaban un reino terrenal. Era lo que ellos querían y si no lo desechaban.

Nuestra naturaleza humana nos hace buscar por instinto lo que a nosotros nos gusta, lo que más nos acomoda. Y si no nos gusta leer ni estudiar, somos presa fáciles para caer en evangelios diferentes, pues nuestra guía para encontrar al evangelio real no será la Biblia, sino nuestros propios gustos. Algunos tipos de evangelios diferentes:

  • Sectas: Muchos siguen un evangelio diferente porque están en religiones donde no se les permite cuestionar las enseñanzas de los líderes.
  • Legalistas: Otros siguen un evangelio diferente pues tiene apariencia de más piedad, de sacrificio y lleno de reglas que no están en la Biblia. Este evangelio de la prohibición suele ser atractivo pues aparenta ser espiritual, pero como le dice Pablo a los colosenses, tales preceptos “no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” (Col.2:23)
  • Tradicionalistas: Otros siguen un evangelio diferente porque así lo aprendieron y seguirán así (tradición, temor al cambio)
  • Pragmáticos: Otros siguen un evangelio diferente porque les ha resultado (orientado al logro, no a la verdad)
  • Sin compromiso: Otros siguen un evangelio diferente porque sienten que “así no más” es suficiente (ley del mínimo esfuerzo, son los que acuden a Dios cuando tienen problemas)

El evangelio ha sido anunciado por cientos de años y está claramente expuesto. Aun así las distorsiones han hecho que muchos se desvíen, haciendo que el “dios de este siglo” (¿Cuál es su dios?) les haga perder el norte:

“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”
2 Corintios 4:3-4

Vivir y predicar un evangelio diferente al que está escrito en la Biblia es sumamente peligroso, se está expuesto a maldición (anatema).

Muchos viven su propio evangelio sin darse cuenta. Piensan y creen que viven el evangelio de Jesucristo, pero no. Algunos ni siquiera se lo cuestionan y prefieren no pensar en ello, pero las Escrituras nos mandan a evaluarnos constantemente para ver si realmente estamos en la verdad:

“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?”
2 Corintios 13:5

Este examen debe ser periódico, debemos estar al día, como un automóvil lo está con su revisión técnica para asegurarse que funcionará correctamente. ¿Estamos en el verdadero evangelio?

El evangelio que transforma: La prueba del camión

camión

Imagina que llego tarde a una reunión y me disculpo diciendo: “Ruego que me disculpen, pero al atravesar la calle, un camión de alto tonelaje me pasó por encima y me arrastró diez cuadras. Pero me paré, corrí y llegué hasta acá”

¿Creerías mi historia? Absolutamente no. Pensarías que estoy loco o que estoy mintiendo, porque ante un impacto de tal magnitud sería físicamente imposible presentarse como si nada hubiera pasado. De estar vivo, tendría que estar en una camilla, sangrando y con la ropa destrozada. ¡Un camión me pasó por encima!

Del mismo modo, si no visualizas – tanto en mí como en tí mismo – un cambio radical después de conocer y creer en el evangelio de Jesucristo, es porque hay un gran problema:

  • No conocemos el evangelio (quizá conocemos uno distorsionado).
  • No creemos el evangelio (quizá creemos en uno a nuestra medida).
  • No obedecemos el evangelio (quizá obedecemos a nuestros gustos y cuando hay necesidad).
  • Nos mentimos a nosotros mismos.

El evangelio es como ese tremendo camión que nos pasó por encima y nos transformó por completo. Si eso no se nota, es porque no ocurrió.

Conclusión ¿Qué debo hacer con el evangelio?

El evangelio está hecho para:

  1. Ser creído  (Marcos 1:15) “creed en el evangelio”.
  2. Ser obedecido (2 Tesalonicenses 1:8) “llama de fuego para dar retribución a los que no conocieron a Dios ni obedecen al evangelio”
  3. Ser predicado a todo el mundo, a todas las personas (Marcos 16:15) “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”
  4. Ser vivido con todo su poder (Romanos 1:16) “No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree”

Hagamos el examen hoy. Asegurémonos de estar viviendo conforme al mensaje de la cruz y permitamos que el poder transformador de Dios guíe cada paso de nuestra vida.


Hermenéutica: Interpretación eficaz hoy

Reseña: “Hermenéutica: Interpretación eficaz hoy” – Rob Haskell

Cuando leemos, interpretamos. Si estás leyendo estas líneas, estás interpretando lo que trato de expresar. Lo mismo ocurre con la Biblia. Cada vez que abrimos las Escrituras y leemos un pasaje, estamos en el proceso de entender lo que el autor bíblico nos está transmitiendo, y esto es justamente interpretar, y – para bien o para mal – todos lo hacemos. Por lo tanto, el tema no es si acaso interpretamos la Biblia, sino cómo lo hacemos.

De la interpretación de cada lector pueden aparecer varias interpretaciones que llevan a resultados muy distintos. Es aquí donde empiezan los problemas, porque al interpretar la Biblia han surgido tantas buenas enseñanzas como malas, y otras derechamente son herejías. Es aquí donde entra en juego la hermenéutica bíblica, que nos otorga herramientas para una correcta interpretación.

Ya que todos interpretamos, la hermenéutica no es una tarea exclusiva de eruditos encerrados en bibliotecas. Si eres predicador, pastor o líder, esta disciplina es una obligación. Si no has tenido la posibilidad de pasar por un Instituto o Seminario Bíblico, te recomiendo mucho este libro que en lo personal me ha ayudado bastante: “Hermenéutica: Interpretación eficaz hoy”, escrito por Rob Haskell.

Premisa central

La premisa de Rob Haskell consiste en que la hermenéutica debe ser eficaz, y para ser eficaz, debe ser comprensible y aplicable. El autor acaba con el mito de que las reglas de interpretación son un conjunto de instrucciones teológicas complicadas reservadas para eruditos, presentándolas en su lugar como un puente que nos permite viajar desde la época donde fue escrito el texto original hasta la realidad del oyente contemporáneo. Veamos algunos puntos destacables en esta obra:

Pedagogía

Lo más destacable de Haskell en esta obra es su capacidad de síntesis y claridad. Conceptos que en manuales clásicos e introducciones técnicas pueden resultar densos o demasiado abstractos, aquí se explican con una fluidez que permite una rápida comprensión. El autor demuestra que la profundidad teológica no tiene por qué estar reñida con la claridad.

Enfoque Práctico y Muchos Ejemplos

A diferencia de otros escritos teóricos, Haskell no se queda en la mera definición de las reglas (como el análisis gramatical, el contexto histórico o los géneros literarios); él te muestra cómo operan en la práctica. El libro está lleno de ejemplos muy simples, analogías de la vida cotidiana y ejercicios prácticos que le permiten al lector asimilar el “cómo se hace” de la interpretación bíblica de manera inmediata.

Ideal para la Iglesia Local

Por su estructura didáctica, es el recurso perfecto para escuelas de líderes, institutos bíblicos locales o talleres para predicadores. Rompe la barrera del idioma técnico y dota al predicador o maestro de escuela dominical de un marco de trabajo seguro para evitar la eiségesis (introducir ideas propias en el texto) y guiarnos hacia una exposición fiel.

¿Por qué deberías leerlo?

“Hermenéutica: Interpretación eficaz hoy” es un salvavidas en tiempos donde la ligereza doctrinal y las “revelaciones” místicas pretenden reemplazar el estudio serio de la Palabra. Es un libro que democratiza las herramientas de exégesis sin rebajar el valor de la verdad bíblica.

Si eres un estudiante de la Biblia, un líder de un grupo o un predicador que busca alimentar de forma saludable a la iglesia, esta obra de Rob Haskell debe estar en los estantes de tu biblioteca teológica.

Personalmente te lo recomiendo mucho, a mi me sirvió hace algunos años para estructurar clases de capacitación para los predicadores de mi iglesia, y también para escribir la serie de Hermenéutica en Maranata. Si buscas un mapa claro para navegar de forma fiel en el texto bíblico, de manera clara y comprensible, este libro es imprescindible.

Este libro puedes encontrarlo en las librerías cristianas de tu cuidad, o bien en Internet en distintos formatos, como por ejemplo acá en Amazon.

Anabaptistas

Los Anabaptistas: La Reforma Radical y el Bautismo

¿Sabes desde cuando los cristianos no bautizamos bebés? Si bien desde los inicios de la iglesia la regla era bautizar únicamente a aquellos que creían y confesaban su fe, siglos posteriores se empezó a bautizar recién nacidos para integrarlos a la fe de su familia. Entonces vino la Reforma Protestante, y un grupo alzó la voz en esta materia, entre otras ideas revolucionarias y adelantadas para su época. A este grupo se les conoció como los Anabaptistas.

Los anabaptistas (o anabautistas) fueron miembros de un movimiento radical de la Reforma Protestante del siglo XVI. Rechazaban el bautismo infantil, practicando en su lugar el bautismo de adultos conscientes, y abogaban por un pacifismo estricto y la separación total entre la iglesia y el estado.

En el contexto de la Reforma Protestante del siglo XVI, el movimiento anabaptista representó lo que se conoce históricamente como la “Reforma Radical”, en contraposición con la “Reforma Magisterial” que impulsaron Martín Lutero (1483-1546), Ulrico Zuinglio (1484-1531) y Juan Calvino (1509-1564).

El anabaptismo es considerado una tercera rama de la Reforma, ya que no se unió ni con luteranos ni calvinistas.

En aquella época Lutero y Zuinglio buscaron reformar la Iglesia desde dentro apoyándose en el poder del Estado, lo que implicaba que la conversión era a menudo por imposición y los ciudadanos debían adoptar la religión de sus gobernantes. Los anabaptistas consideraron que estas reformas no iban lo suficientemente lejos. Su objetivo principal no era simplemente reformar el sistema imperante, sino restaurar el modelo de la Iglesia Primitiva libre de toda alianza con el poder civil.

El bautismo infantil era la práctica aceptada tanto por católicos romanos como los reformadores. De este modo, los niños recibían el bautismo para heredar la fe de sus padres y de sus gobernantes, asegurando de algún modo la unidad política de los estados con sus ciudadanos a través de la religión.

2. Orígenes del Movimiento

Los inicios del movimiento se pueden situar en Zúrich, Suiza, en el año 1525. Jóvenes como Conrad Grebel y Félix Manz, que inicialmente eran discípulos del reformador Zuinglio, rompieron relaciones con él al darse cuenta de que no estaba dispuesto a abolir el bautismo infantil.

El acto fundacional del movimiento ocurrió el 21 de enero de 1525, cuando Jorge Blaurock le pidió a Conrad Grebel que lo bautizara tras confesar conscientemente su fe. A raíz de su insistencia en bautizar adultos, sus detractores los etiquetaron con el nombre de “anabaptistas”, que significa “rebautizadores”.

3. Los cuatro pilares del Anabaptismo

El pensamiento anabaptista resultó subversivo y peligroso para el orden social de los gobiernos de la época, fundamentándose en cuatro pilares principales:

  • El Credobautismo (Bautismo de creyentes): Rechazaron de plano el bautismo infantil, argumentando que el bautismo y la conversión debían nacer estrictamente de la libre voluntad del individuo y no como una imposición de la iglesia o del Estado.
  • La Iglesia Voluntaria: Propusieron que la Iglesia es una comunidad formada por convicción personal, en oposición a la herencia de fe automática que se daba por tradición familiar o mandato estatal.
  • Separación de Iglesia y Estado: Afirmaron rotundamente que el Estado no puede legislar sobre la fe, motivo por el cual rechazaron cualquier forma de coacción religiosa por parte del poder civil, así como el prestar juramentos cívicos.
  • Pacifismo Radical y No resistencia: Con un fuerte fundamento en las enseñanzas de Jesucristo en el Sermón del Monte, mostraron un rechazo absoluto a la violencia. No portaban armas, no participaban en guerras ni ejercían violencia, incluso si se trataba de defensa propia.

4. Persecución

Libro antiguo del Espejo de los Mártires anabaptistas
El Espejo de los Mártires, Thieleman J. van Braght, 1660

Algunas ideas del movimiento supusieron un gran problema para los gobiernos ya que sus miembros se negaban a ir a la guerra (en pleno periodo de guerras contra musulmanes, sobre todo por la amenaza de invasión por parte de los turcos), los anabaptistas fueron brutalmente perseguidos y ejecutados tanto por católicos como por protestantes, siendo expulsados sistemáticamente de Suiza, los Países Bajos, Moravia, Polonia y Prusia.

Se aplicó con frecuencia la pena de muerte por ahogamiento, a lo que sus verdugos se referían burlescamente como “el tercer bautismo”. Las memorias y los sufrimientos de este periodo quedaron recogidos en el histórico libro “El Espejo de los Mártires” de Thieleman J. van Braght, publicado en 1660.

Los mártires anabaptistas se contaron por miles, Justo L. González dice: “El número de mártires fue enorme, probablemente mayor que el de todos los que murieron durante los tres primeros siglos de la historia de la iglesia”.

El número de mártires fue enorme, probablemente mayor que el de todos los que murieron durante los tres primeros siglos de la historia de la iglesia” – Justo L. González, Historia del Cristianismo

5. La Rebelión de Münster (1534–1535)

La primera generación anabautista que era pacifista pereció en la persecución. Los que les siguieron se volvieron más radicales y violentos.

Es acá cuando surge la figura de Melchior Hoffman, un predicador que comenzó a enseñar que Cristo regresaría pronto para destruir a los impíos y establecer la “Nueva Jerusalén” en la ciudad de Estrasburgo. También predijo que sería encarcelado, lo cual se hizo efectivo. En este momento el anabaptismo abandona el pacifismo y Hoffman anima a sus adeptos a tomar las armas contra los hijos de las tinieblas.

Luego se dijo que la Nueva Jerusalén no vendría sobre Estrasburgo, sino en Muster. Así, la atención escatológica se trasladó de Estrasburgo a la ciudad alemana de Münster, la cual declararon como la nueva “Nueva Jerusalén”, de la mano de Juan Mattyns.

Jaulas de la iglesia de San Lamberto en Munster
Jaulas de hierro colgadas de la torre de la iglesia de San Lamberto, Müster, Alemania.

Impulsados por esta convicción extremista, anabautistas radicales se apoderaron de Münster en 1534, y se instauró una teocracia absolutista. Tras la muerte de Matthys en una escaramuza, el control total recayó en Juan de Leiden, quien se proclamó «Rey de la Nueva Jerusalén». En un estado de delirio religioso y bajo asedio, Leiden expulsó a los católicos y protestantes moderados de la ciudad, obligó al rebautismo bajo pena de muerte, instituyó la poligamia (justificándola con el modelo de los patriarcas del Antiguo Testamento) y gobernó mediante el terror y la ejecución de disidentes.

Finalmente, la ciudad fue sitiada y reconquistada en 1535 por una coalición militar liderada por el obispo católico expulsado. Los líderes radicales, incluido Juan de Leiden, fueron capturados, brutalmente torturados y ejecutados públicamente. Sus cadáveres fueron exhibidos en jaulas de hierro colgadas de la torre de la iglesia de San Lamberto como advertencia. Dichas jaulas aún se pueden ver hoy en día en Muster.

Este sangriento episodio manchó gravemente la imagen del movimiento anabautista ante toda Europa, haciendo que durante siglos se les asociara injustamente con la anarquía, la sedición y la locura fanática, a pesar de que la inmensa mayoría de los anabautistas repudiaban estas acciones.

6. El Legado de Menno Simons

Tras la crisis de Münster, los anabaptistas fueron expulsados de ciudad en ciudad, cruzaron toda Europa — desde Suiza y los Países Bajos hasta Moravia, Polonia y Prusia — antes de cruzar el Atlántico hacia América del Norte, llevando consigo su fe intacta.

Familia Amish

El movimiento logró estabilizarse gracias a la figura de Menno Simons (1496–1561), un ex-sacerdote católico que reunió y reorganizó a los sobrevivientes, regresando el movimiento a su naturaleza radicalmente pacifista.

Sus seguidores tomaron el nombre de menonitas. Del mismo tronco surgieron los amish (s. XVII) y los hutteritas, comunidades que perduran hasta hoy en América del Norte.

7. Conclusión

El anabautismo no fue solo un episodio del siglo XVI: dejó principios y tensiones que siguen interrogando a la Iglesia, al Estado y a la vida cristiana contemporánea.

Dejó principios profundos que moldearon la concepción moderna de la fe. Sus pioneras convicciones teológicas sobre el bautismo de creyentes, la libertad religiosa y la separación entre la Iglesia y el Estado influyeron de forma decisiva en la formación del movimiento Bautista a partir del siglo XVII.

Su visión de una iglesia formada por convicción personal —y no por tradición familiar o imposición estatal— influyó profundamente en muchas iglesias evangélicas modernas.

Su compromiso con el pacifismo radical y la no resistencia, arraigado en el Sermón del Monte, sigue siendo un desafío permanente a la complicidad cristiana con la violencia y el militarismo.

Hoy en día agradecemos a Dios por las ideas anabaptistas que remecieron las conciencias, dejándonos ideas y reflexiones profundas acerca de formar una iglesia basada en arrepentimiento y conversión, un bautismo como señal de ello, un Estado laico (libre de imposición religiosa y una iglesia libre de intereses políticos), y una convicción que superó la más fiera persecución. Los principios anabaptistas son ampliamente aceptados y celebrados por la inmensa mayoría del cristianismo evangélico contemporáneo y las democracias modernas.

Bibliografía

González, Justo L. (1994).Historia del cristianismo (Tomo 2). Miami: Editorial Unilit.

Cuadridimension de Dios

La Cuadridimensión de Dios y las viejas herejías

Durante estos días me he topado con una doctrina tan peculiar como inútil desde el punto de vista práctico. Resulta que ciertos movimientos que se autodenominan “apostólicos” están predicando que la revelación de la Trinidad es incompleta, afirmando que Dios opera en una “cuadridimensión”. Según esta postura, existirían cuatro dimensiones en la deidad: una dimensión base que consiste en el Dios Altísimo (Elyon), y otras tres dimensiones que se dividen en las “manifestaciones” del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Los iluminados con esta supuesta nueva revelación tuercen textos como el Salmo 91:1-2 para fragmentar a Dios en cuatro títulos o entidades separadas. Afirman que Dios creó desde la eternidad pasada una familia en los cielos compuesta por “Padre, Madre e Hijo”, y que a través de esta familia —a la usanza de los mitos del Olimpo— la deidad se ha manifestado cronológicamente por etapas sucesivas a lo largo de la historia bíblica: en el Antiguo Testamento se manifestó como Jehová, en los Evangelios como Jesús, y desde el libro de Hechos como el Espíritu Santo.

Un refrito de viejas herejías

Tras analizar esta postura, se hace evidente que la historia de la iglesia es cíclica: nos enfrentamos simplemente al reflote de viejas anomalías doctrinales que ya fueron expuestas, debatidas y condenadas en los primeros siglos. Aunque la “cuadridimensión” coquetea con varios errores teológicos, se nutre principalmente de dos:

1. Monarquianismo sabeliano (Modalismo)

Esta corriente, atribuida a Sabelio (siglo III), enseñaba que Dios es uno en sustancia pero se manifiesta en tres “modos” o aspectos diferentes según la época. Para Sabelio, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no eran personas distintas que coexisten eternamente, sino roles sucesivos que un Dios unipersonal adoptaba en el drama de la historia.

La “cuadridimensión” postula exactamente lo mismo al fragmentar la revelación en las eras de Jehová, Jesús y el Espíritu Santo. Este error niega la distinción real de las tres personas divinas, fusionándolas en meras etapas temporales. Cabe destacar que esta es la misma base teológica de los movimientos unicitarios modernos, con la única diferencia de que estos últimos aceptan que tales manifestaciones pueden ocurrir de forma simultánea y no solo sucesiva.

Refutación bíblica e histórica

La idea de un Dios que muta de rol cronológicamente carece por completo de sustento bíblico y contradice la fe histórica de la Iglesia universal. Si el modalismo fuera cierto, cuando Jesús oraba al Padre en pasajes como Juan 17, no estaría entablando una relación interpersonal, sino realizando un acto de ventriloquía o hablándose a sí mismo. Además, esta postura anula por completo el valor de la intercesión actual de Cristo como nuestro Mediador.

La ortodoxia cristiana afirma que las tres personas coexisten simultáneamente desde la eternidad. El ejemplo más claro de esta coexistencia simultánea ocurre en el bautismo de Jesús, donde las tres personas operan al mismo tiempo en el mismo evento:

“Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” (Mateo 3:16-17)

Asimismo, el prólogo del Evangelio de Juan destruye el esquema sabeliano:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” (Juan 1:1-2)

La expresión original en griego “era con Dios” (pros ton theon) indica una relación personal de frente a frente, una comunión eterna entre personas distintas antes de la creación del tiempo. Por esta razón, el Credo de Nicea (año 325 d.C.) sepultó el monarquianismo sabeliano al ratificar que el Padre y el Hijo son distintos en personalidad pero uno en esencia.

2. Arrianismo

Promovido por Arrio, un presbítero de Alejandría en el siglo IV, el arrianismo negaba la plena divinidad de Jesucristo, sosteniendo que el Hijo era la primera y más noble de las criaturas del Padre, pero un ser creado al fin y al cabo.

Al afirmar que el Dios Elyon “creó” una familia celestial en la eternidad pasada (incluyendo explícitamente al Hijo y a una supuesta “Madre”), la doctrina de la cuadridimensión cae de lleno en el arrianismo. Rebaja al Verbo a la categoría de criatura y niega su coeternidad. Hoy en día, este mismo error teológico es sostenido por grupos como los Testigos de Jehová, quienes ven a Jesús como un ser creado y no como Dios mismo.

Refutación bíblica e histórica

Despojar a Jesucristo de su deidad absoluta derriba por completo la estructura de la salvación (soteriología). Si el Hijo tuvo un principio o fue creado, su sacrificio carece del valor infinito necesario para reconciliar a la humanidad con un Dios infinito; una criatura no tiene la potestad divina de perdonar pecados ni de otorgar vida eterna.

Las Escrituras establecen que el Hijo no forma parte del orden creado, sino que es el Agente creador y Sustentador de todo lo que existe:

“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (Juan 1:3)

El apóstol Juan utiliza aquí el tiempo imperfecto en griego (ēn, “era”), que denota una existencia continua, sin interrupción ni principio. Si el Hijo fuera un ser creado, se enfrentaría a la contradicción lógica e imposible de haber tenido que crearse a sí mismo, ya que nada de lo creado se hizo sin Él.

El apóstol Pablo reafirma esta verdad en su epístola a los Colosenses:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles… todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.” (Colosenses 1:16-17)

Atribuir la creación y la sustentación del cosmos a Cristo es la declaración más directa de su deidad primordial. Con el fin de erradicar estas tesis arrianas, los padres de la iglesia plasmaron en el Credo de Nicea que Jesucristo es: “engendrado, no creado, consustancial (homoousios) al Padre”.

Conclusiones

Al analizar fenómenos como la “Cuadridimensión de Dios”, se hace evidente que las desviaciones doctrinales rara vez se presentan negando la fe de forma abierta; suelen introducirse sutilmente bajo el disfraz de “misterios profundos” o “revelaciones frescas” que apelan al orgullo intelectual, pero que terminan fabricando caricaturas absurdas de la deidad.

Cuando se corrompe la doctrina de Dios, inevitablemente se corrompe todo lo demás. El estudio de la historia de la iglesia y el desarrollo de sus dogmas nos evita la penosa necesidad de tener que “inventar la rueda”. Gracias al legado teológico de nuestros predecesores, poseemos las herramientas necesarias para evaluar y neutralizar las falacias contemporáneas, que no son más que disfraces nuevos para viejos errores.

La sana doctrina no es un ejercicio de rigidez intelectual; es el blindaje que protege al creyente de ser “llevado por doquiera de todo viento de doctrina” (Efesios 4:14) y de caer en la manipulación espiritual. El apóstol Pablo exhortó a Timoteo a “retener la forma de las sanas palabras” (2 Timoteo 1:13). Ejercer el discernimiento bíblico y defender la fe histórica es, en última instancia, un acto de obediencia, madurez y amor profundo hacia la Iglesia del Señor.

Bibliografía

Berkhof, Louis. Historia de las Doctrinas Cristianas, 1995, p. 103, 110-111.

canon nuevo testamento

El Canon del Nuevo Testamento

Como ya mencionamos antes, la palabra “canon”, proviene del griego kanon, significa “regla” o “medida”, y al hablar de Canon bíblico, se refiere a la lista de los libros que forman parte de la Biblia y que son reconocidos como inspirados por Dios, siendo la base para la fe y la vida cristiana.

El canon del Nuevo Testamento no fue creado de un momento a otro por un concilio que decidió qué libros incluir y cuáles dejar fuera. Sin embargo, esto no fue así. El proceso empezó con la circulación de los primeros escritos apostólicos del primer siglo hasta el cierre definitivo a finales del siglo IV.

En este artículo explicaremos cómo se desarrolló este proceso y cuáles fueron los criterios que la iglesia utilizó para reconocer qué escritos eran realmente la Palabra de Dios.

El proceso histórico de formación

La formación del canon del Nuevo Testamento se llevó a cabo entre el siglo I y el siglo IV de nuestra era. Este proceso fue impulsado tanto por necesidades internas de la iglesia como por desafíos externos.

1. La era apostólica (siglo I)
Durante este tiempo, los apóstoles escribieron cartas y relatos sobre la vida y enseñanzas de Jesús. Estas cartas, como las de Pablo, comenzaron a circular rápidamente entre las iglesias (Colosenses 4:16). Desde el inicio, estos escritos fueron muy valorados y considerados al nivel de las Escrituras del Antiguo Testamento (2 Pedro 3:15-16).

2. El desafío de las herejías (siglo II)
Con el paso del tiempo, surgieron enseñanzas falsas que confundían a los creyentes. Por ejemplo, Marción rechazó el Antiguo Testamento y modificó el Nuevo, mientras que los gnósticos crearon sus propios “evangelios”.

Este contexto obligó a la iglesia a definir con mayor claridad qué libros eran verdaderamente apostólicos, con el fin de proteger la sana doctrina.

3. El reconocimiento oficial (siglos III y IV)
Aunque la mayoría de los libros ya eran aceptados, algunos generaban dudas (como Hebreos o Apocalipsis). Finalmente, en el año 367 d.C., Atanasio presentó la lista de los 27 libros del Nuevo Testamento tal como la conocemos hoy.

Más adelante, los concilios de Hipona (393 d.C.) y Cartago (397 d.C.) confirmaron esta misma lista, reconociendo oficialmente lo que ya era ampliamente aceptado en la iglesia.

Los criterios de canonicidad

La iglesia primitiva no eligió los libros al azar, sino que utilizó criterios claros para reconocer cuáles eran inspirados por Dios.

1. Apostolicidad
El libro debía haber sido escrito por un apóstol o por alguien cercano a uno. Este fue el criterio más importante. La autoridad apostólica garantizaba que el mensaje provenía directamente de Cristo o de su círculo más cercano.

2. Ortodoxia (la regla de fe)
El contenido del libro debía estar en armonía con la enseñanza ya conocida sobre Jesús y con el Antiguo Testamento. Si un escrito enseñaba algo diferente o extraño, era rechazado.

3. Catolicidad (uso universal)
El libro debía ser reconocido y utilizado por muchas iglesias, no solo por un grupo pequeño. Esto mostraba que el Espíritu Santo guiaba a toda la iglesia en el reconocimiento de estos escritos. Ryrie menciona que ningún libro que fue cuestionado por un gran número de iglesias llegó finalmente a ser admitido en el canon1.

¿Cuándo se cerró el canon del Nuevo Testamento?

El canon del Nuevo Testamento se considera cerrado hacia fines del siglo IV, cuando ya existía un consenso general en la iglesia sobre los 27 libros. Este reconocimiento quedó claramente expresado en la Carta Pascual de Atanasio en el año 367 d.C., y luego fue confirmado en los concilios de Hipona (393 d.C.) y Cartago (397 d.C.). Desde ese momento, no se agregaron nuevos libros, ya que se entendió que la revelación apostólica había sido completa.

Conclusión

El estudio del canon del Nuevo Testamento muestra claramente cómo Dios actuó a lo largo de la historia. Algo muy importante es entender que la iglesia no inventó el canon, sino que lo descubrió y reconoció. Es decir, los libros ya eran inspirados; la iglesia simplemente los reconoció como tales.

“Los escritos bíblicos no poseen autoridad divina porque están en el canon, sino que están en el canon porque son inspirados, es decir, porque poseen autoridad divina” (N.B. Stonehouse)2

Es muy importante conocer este tema, porque fortalece nuestra confianza en la Biblia. Nos ayuda a entender que no es un conjunto de libros elegidos al azar, sino el resultado de un proceso serio, cuidadoso y guiado por Dios.

Este conocimiento es una herramienta muy valiosa en la apologética, ya que nos permite responder a quienes cuestionan la confiabilidad de la Biblia. Saber de dónde viene y cómo fue reconocida nos da argumentos firmes para defender nuestra fe.

Referencias

  1. Ryrie, Charles C. Teología Básica. ↩︎
  2. N.B. Stonehouse, citado en “¿Cómo llegó la Biblia hasta nosotros?”, Puigvert, Pedro, 1999, p.154 ↩︎

Mira también:

El canon del Antiguo Testamento: https://maranata.cl/canon-antiguo-testamento/

canon antiguo testamento

El Canon del Antiguo Testamento

Al conversar con personas que no comparten la fe en Cristo, se hace recurrente el cuestionamiento de la autoridad de la Biblia como palabra inspirada de Dios. ¿Quién escribió la Biblia? ¿Por qué debo creer en ella si fue escrita por hombres? Para responder estas inquietudes tenemos que ir a la historia de la formación del canon de las Escrituras, específicamente en este artículo, del Antiguo Testamento.

El desarrollo del Canon de la Biblia nos ayuda a entender nuestra fe sobre la inspiración divina de Las Escrituras. También nos ayuda a entender por qué hay diferencias entre nuestra Biblia protestante de 66 libros respecto a las versiones católicas de 73 libros.

Vamos a conocer lo más importante de la historia de la formación del canon del Antiguo Testamento, y en otro momento lo haremos con el canon del Nuevo Testamento.

¿Qué es el canon?

La palabra “canon” viene del griego “kanon” el cual se refiere a una vara recta, utilizada como regla o instrumento de medida.1

Esta palabra la podemos encontrar en las epístolas del apóstol Pablo donde se usa como una regla de acción (Gálatas 6:16; Filipenses 3:16). 

Desde el siglo IV de nuestra era, esta “regla” se ha utilizado para designar la correcta lista de los libros inspirados de la Biblia2. A todos los libros que no se consideraron inspirados se les llamó “apócrifos”.

De no existir esta regla o canon, no podríamos determinar cuales son los escritos inspirados por Dios. Es imprescindible conocer cuales escritos han sido inspirados divinamente para poder confiar implícitamente en ellos como la norma de fe y práctica3.

Historia de la formación del canon del Antiguo Testamento

A diferencia del Nuevo Testamento, cuyo proceso de canonización abarcó unos cuatro siglos, el canon del Antiguo Testamento se formó a lo largo de más de mil años. 

El pueblo judío reconoció gradualmente una colección sagrada de libros conocida hoy como la Tanaj, acrónimo hebreo de las tres divisiones de su Biblia: Torah (ley), Nebiim (profetas) y Ketubim (escritos).

El proceso mediante el cual se formó la Biblia Hebrea no dependió de un solo evento o concilio, sino de un reconocimiento progresivo que se puede dividir en las siguientes etapas:

  1. La Ley (Torá): Fue la primera sección que el pueblo de Israel reconoció como divinamente autoritativa. Desde el momento en que Moisés escribió el “libro del pacto” (Éxodo 24:4), los israelitas lo aceptaron como la mismísima Palabra de Dios. Como señala Pablo Hoff, Moisés al escribir las palabras de la ley, dio órdenes a los levitas de tomar “este libro de la ley y ponedlo junto al arca del pacto” (Dt. 31:24–26). En este caso, el escritor, en un sentido, canonizó sus propias composiciones4.
  2. Los Profetas (Nevi’im) y los Escritos (Ketuvim): Se desconoce el proceso exacto por el cual los judíos llegaron a reconocer como canónicos estos textos. Sin embargo, a medida que los profetas hablaban en nombre de Dios, sus escritos fueron atesorados como mensaje divino. Esto parece indicar que tan pronto como un profeta escribió su mensaje, este llegó a ser parte de las Escrituras.
  3. El Concilio de Jamnia (aprox. 90 d.C.): Tras la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 d.C., los rabinos judíos se reunieron en Jamnia para discutir la canonicidad de algunos libros cuestionados (concilio que algunos ponen en duda). El canon hebreo no se creó en esa instancia, sino más bien, Jamnia sirvió para confirmar los libros que la comunidad judía ya aceptaba y para cerrar debates periféricos sobre la inclusión de libros como Eclesiastés o Cantar de los Cantares. Como indica C.Ryrie, estas discusiones tenían que ver con un canon ya existente5.

Los Criterios de Canonicidad Judíos

Para que un libro fuera aceptado en la colección sagrada, debía pasar por el filtro riguroso de la comunidad hebrea. Entre los criterios se pueden mencionar los siguientes:

  • Autoridad Profética: El texto debía ser escrito por un profeta reconocido o alguien con el don profético, respaldado por Dios mediante milagros o el cumplimiento exacto de sus palabras. Moisés, David, Isaías y Daniel cumplían este requisito esencial.
  • Armonía con la Ley de Moisés: Ningún libro nuevo podía contradecir la revelación fundamental dada en la Torá (los primeros cinco libros). Según Deuteronomio 13, cualquier mensaje, incluso si venía acompañado de señales, debía ser rechazado si desviaba al pueblo del Dios revelado en el pacto.
  • El Cese de la Profecía: Los judíos sostenían la firme convicción de que la “voz profética” había cesado en Israel con el profeta Malaquías (alrededor del 400 a.C.). Esta es la razón principal por la cual los libros Apócrifos o Deuterocanónicos (escritos en el período intertestamentario, como 1 y 2 Macabeos) nunca fueron aceptados en el canon judío, pues ellos mismos reconocen haber sido escritos en tiempos donde no había profeta en Israel (1 Macabeos 9:27).
  • Idioma hebreo: Sobre todo como respuesta a la versión griega de las Escrituras, la cual tenía libros agregados que fueron rechazados por el canon judío.

Conclusión

Cuando el apóstol Pablo le escribe a Timoteo enseñándole que “toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Timoteo 3:16), cabe la pregunta ¿Cuál es esa escritura inspirada? ¿Qué o qué determina que es escritura inspirada? ¿Por qué otros escritos tan antiguos como los canónicos fueron apartados y clasificados como apócrifos? El proceso histórico de la formación del canon nos da la respuesta.

En el Nuevo Testamento se confirma que son los judíos los depositarios de la Revelación:

“¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios.” (Romanos 3:1-2)

Por lo tanto, el canon judío es válido para todo efecto del Antiguo Testamento, el cual tiene el mismo contenido de nuestras biblias hasta hoy, puesto que “nuestras Biblias tienen 39 libros inspirados, cuyo texto corresponde exactamente a la división de 24 rollos practicada por Israel”6.

Y lo más maravilloso, es que el mismo Señor Jesucristo citó estas Escrituras, refiriéndose exactamente a la misma estructura de tres partes de la Biblia Hebrea:

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.” (Lucas 24:44)

Es, por lo tanto, el Antiguo Testamento que tenemos en nuestras Biblias, el mismo que Jesús leyó, amó y de las cuales testificó que hablaban de Él. 

Estudiar la canonicidad nos protege contra confusiones respecto a libros apócrifos y reafirma nuestra fe en que Dios es lo suficientemente poderoso no solo para inspirar Su Palabra, sino para preservarla intacta a través de los siglos.

Referencias

  1. kanon (κανών, G2583), Diccionario VINE Nuevo Testamento. ↩︎
  2. Puigvert, Pedro. ¿Cómo llegó la Biblia hasta nosotros?, 1999, p.11 ↩︎
  3. Hoff, Pablo. Teología Evangélica (Tomos I y II), 2005, p.105 ↩︎
  4. Hoff, Pablo. Teología Evangélica (Tomos I y II), 2005, p.110 ↩︎
  5. Ryrie, Charles. Teología Básica, 1993, p.48 ↩︎
  6. Puigvert, Pedro. ¿Cómo llegó la Biblia hasta nosotros?, 1999, p.155 ↩︎

Mira también:

El canon del Nuevo Testamento: https://maranata.cl/canon-nuevo-testamento/

revelacion general especial

La Revelación General y Especial de Dios

En esta ocasión vamos con un concepto que se estudia en teología: La revelación. La palabra «revelación» (del gr. “apokalupsis”), etimológicamente hablando, viene del vocablo “revelatio”, que tiene por significado el descubrir o manifestar lo revelado o secreto.

De todas las cosas que desconocemos, el conocimiento más importante que permanecía en secreto para la humanidad – producto del pecado – era la del del único Dios todopoderoso, creador del universo y salvador de todos los que le reciban.

¿Qué o quién reveló el conocimiento de Dios a los hombres? ¿Cómo nosotros sabemos de Él? Esto debido a la revelación de Dios

La Revelación de Dios ilumina al hombre caído

  • El ser humano, por su naturaleza y por sus propios medios, está a ciegas respecto a la naturaleza divina.  Estamos en una habitación oscura intentando adivinar qué hay en ella. Si Dios no encendiera la luz, jamás podríamos encontrarlo.
  • Nuestra ciencia, instrumentos y tecnología no son y nunca serán suficientes para descubrir a Dios. Si se pudiera hacer, Dios ya no sería Dios.
  • Por lo tanto se necesitó de la iniciativa divina, pues si Dios no da el primer paso para darse a conocer, el hombre permanece en la oscuridad.

El Propósito de la Revelación

  • Dios se da a conocer para que el hombre pueda volver a tener una relación con Él.
  • La finalidad que tiene la revelación por parte del Dios perfecto, inalcanzable e invisible, es darse a conocer a los hombres, los cuales son incapaces de descubrirlo por sus propias limitaciones, por lo que Dios ha actuado en su misma historia para que este sepa de su existencia y descubra sus perfecciones o atributos.
  • Dios se revela para manifestar su bondad, para nuestro propio bien. Como dice Pablo Hoff: “Se revela para el beneficio de los hombres a fin de que le conozcan personalmente, sus pecados sean perdonados y la comunión con él sea restaurada” (Teología Evangélica, Hoff, p. 34).

Formas de revelación

  • En Teología se distinguen dos formas en que Dios se manifiesta:
    • La revelación general
    • La revelación especial.

La Revelación General

revelacion general

Dios ha dejado su firma en todo lo que existe manifestándose a toda la humanidad por medio de la naturaleza. Esta revelación es “general” porque está disponible para todos, en todo lugar y en todo tiempo. Se manifiesta principalmente a través de:

  • La Creación: El Salmo 19:1 dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”. El apóstol Pablo también es categórico en Romanos 1:20: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.”

El orden del universo y la belleza de la tierra son argumentos mudos pero poderosos de su poder y sabiduría.

  • La Conciencia Humana: El hombre nace con un instinto religioso. Hay una inclinación hacia lo divino que apunta a nuestro Creador. 

También se manifiesta a través de un sentido interno del bien y del mal y una conciencia de la existencia, la trascendencia y una noción de la eternidad.

“Dios hizo todo hermoso en su tiempo, luego puso en la mente humana la noción de eternidad, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin.” (Eclesiastés 3:11, NVI)

Alcance y Limitación

La revelación general es como un mapa que te dice que hay un tesoro, pero no te dice cómo llegar a él. Según Romanos 1:20, es suficiente para reconocer que Dios existe y dejarnos “sin excusa”, pero es insuficiente para darnos la salvación. Nos dice que Dios existe, que es creador de todo y es poderoso, pero no nos dice que Dios es amor ni salvador.

La Revelación Especial

Es la comunicación directa de Dios para salvar al hombre, centrada en la Biblia y en Cristo. Se ha manifestado en las siguientes formas:

revelacion especial
  • Teofanías/Manifestaciones Físicas: Dios presentándose de forma física o sensible, como en el monte Sinaí o el ángel del Señor.
  • Sueños y Visiones: Medios sobrenaturales donde Dios habla a un profeta dormido (sueño) o despierto (visión).
  • La Palabra Profética: Mensajes directos dados a profetas y mensajeros para guiar, corregir o anunciar el futuro. 
  • La Biblia (La Escritura): Dios guió a los autores humanos para comunicar su mensaje de manera precisa.
  • Jesucristo (El Verbo Encarnado): Es la máxima revelación, Dios hecho hombre para enseñar y salvar.

Propósito Redentor

A diferencia de la revelación general, en la revelación especial la Biblia nos da el nombre del Salvador y los detalles de su plan.

“Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.” (Juan 20:31)

La revelación general prepara el camino, pero la especial entrega el mensaje. Esta relación y propósito final de ambas revelaciones bien la resume Pablo Hoff: “Puesto que por la revelación general toda la humanidad tiene algún conocimiento de que Dios existe, el pecador al escuchar el evangelio, tiene previamente algún concepto de Dios, es decir, la idea de Dios no le es sin significado. Así la revelación general puede abrir su mente para aceptar la revelación especial.” (Teología Evangélica, Hoff, p.44)

Conclusión

  • La humanidad no puede descubrir a Dios, sino que Dios mismo se reveló.
  • La revelación general nos dice que Dios existe; la revelación especial nos dice quién es Dios  y cómo nos salva.
  • Debemos acudir a la revelación especial (la Biblia) para encontrar la revelación máxima, a Jesucristo. la vida eterna, sabiendo que la creación ya nos ha preparado para ese encuentro.
  • El objetivo final de toda revelación no es que el hombre sea más sabio, sino que sea reconciliado y salvo.

clases de religion

¿Puede un colegio prohibir hablar de Dios en clase de Religión en Chile?

Introducción

A diferencia de otros países de la región, hasta el día de hoy (marzo 2026), en Chile la clase de religión es obligatoria para los colegios Públicos y Particulares Subvencionados (todos los que reciben fondos del Estado), desde la Educación Parvularia hasta 4° Medio, pero es optativa para el alumno.

Si tú eres profesor(a) de Religión, o piensas trabajar en ello, este artículo debe ser de tu interés, y es que, a pesar de la legislación, han surgido problemas entre docentes de dicha asignatura con las directivas de sus colegios debido al requerimiento de censura de Dios y la Biblia en dichas clases.

Imagina el siguiente caso: Un profesor de Religión Evangélica es contratado por un colegio particular subvencionado chileno. Sin embargo, al poco tiempo, la dirección la cita a una reunión y le da la siguiente instrucción: “Nuestro colegio es laico, por lo tanto, le pedimos que en sus clases omita la mención de Dios y el uso de la Biblia. Enfóquese mejor en enseñar valores universales y educación cívica”.

Esta no es una situación hipotética; es una realidad que enfrentan muchos docentes cristianos hoy en día. Bajo el escudo de la “laicidad”, se intenta vaciar la clase de religión de su esencia. Pero, ¿esto es legal? Veamos.

Primero un poco de historia

Para muchos resulta casi incomprensible que en un Estado administrativamente separado de la Iglesia exista una obligación legal de enseñar religión en los colegios con fondos públicos. Esta particularidad se debe a una mezcla de dos momentos históricos clave:

1. El Origen (1983): La obligatoriedad de ofrecer la asignatura no es una ley reciente. Nació a través del Decreto 924 durante la dictadura militar. En ese contexto histórico, el Estado buscaba cimentar en las nuevas generaciones una base moral y tradicional fuerte, viendo la educación religiosa (en ese entonces, casi exclusivamente católica) como un pilar para la sociedad.

2. La Apertura Evangélica (1999): Con el retorno a la democracia, el decreto de 1983 no se derogó, pero tuvo que adaptarse a la nueva realidad del país. El hito definitivo fue la promulgación de la Ley de Culto (Ley 19.638) en 1999, que consagró la igualdad jurídica de las iglesias.

Gracias a esta ley, el monopolio que mantenía la Iglesia Católica sobre la clase de religión se rompió. El Estado reconoció el derecho histórico del pueblo evangélico a educar a sus hijos en su propia fe dentro del horario escolar.

El resultado: Hoy tenemos un modelo educativo híbrido y único en la región. Mantiene la obligatoriedad de la oferta (heredada de los años 80), pero está cruzada por el principio democrático de la libertad de culto, lo que nos permite, por ley, abrir la Biblia en las aulas del Estado.

Aunque la Ley de Culto abre la puerta a que se enseñe cualquier religión, en la práctica los colegios ofrecen casi exclusivamente las opciones Católica y Evangélica por razones demográficas y administrativas. Para que un establecimiento dicte clases de otra confesión, necesitaría reunir una masa crítica de alumnos interesados por nivel, contar con un programa de estudio estructurado y aprobado previamente por el MINEDUC, y disponer de docentes que posean un ‘Certificado de Idoneidad’ emitido por su respectiva autoridad religiosa. 

Como solo católicos y evangélicos han logrado consolidar esta compleja estructura institucional a nivel nacional, las demás opciones resultan viables casi únicamente en colegios particulares confesionales, llevando a que las familias de otras religiones opten por eximirse.

El mapa educativo en Chile y dónde aplica la ley

Para entender donde aplica la obligatoriedad de las clases de Religión, la educación en Chile se divide principalmente según su financiamiento:

  • Colegios Públicos (Municipales y SLEP): Son financiados 100% por el Estado. Son institucionalmente laicos y neutrales, pero están obligados a ofrecer el espacio para la clase de Religión. No pueden censurar el contenido bíblico.
  • Colegios Particulares Subvencionados (Ahora “Fundaciones”): Son administrados por privados, pero reciben fondos del Estado. Aquí es donde ocurre el 90% de los conflictos. Al recibir subvención pública, están obligados a acatar la ley de libertad de culto y el Decreto 924, pero muchas veces intentan imponer su propia agenda por encima de la ley.
  • Colegios Particulares Pagados: Se financian al 100% con el bolsillo de los padres. Al ser entidades totalmente privadas, gozan de autonomía. Si un padre firma un contrato de matrícula aceptando el Proyecto Educativo estrictamente católico o estrictamente laico del colegio, la institución puede perfectamente negarse a ofrecer otras alternativas.

¿Qué significa que un colegio sea laico?

Se piensa que un colegio laico es aquel donde “está prohibido enseñar de Dios”. Sin embargo, en el sistema educativo chileno, la laicidad no es sinónimo de ateísmo ni de silencio religioso.

Un colegio laico es aquel que no se profesa una religión oficial, no obliga a sus alumnos a realizar actos de fe institucionales y mantiene una gestión independiente de cualquier clero.

Un colegio laico provee un espacio neutral que garantiza la libertad de conciencia. Ser laico significa que el establecimiento respeta todos los credos por igual; por lo tanto, tiene el deber de proteger el espacio de la clase de religión solicitado por los padres, sin intentar suplantar esos contenidos con una ideología propia.

En resumen: un colegio laico en Chile no es un lugar “sin religión”, sino un lugar donde se respeta el derecho de cada familia a elegir la formación espiritual de sus hijos, delegando esa enseñanza en los profesores de religión idóneos.

Cuando un colegio particular subvencionado (o fundación) prohíbe usar la Biblia en una clase de Religión Evangélica, no está siendo laico; está siendo ideológicamente laicista e infringiendo la ley chilena.

Lo que dice la ley: El Decreto 924

En el contexto legal chileno, los colegios particulares subvencionados y municipales tienen una obligación ineludible. El Decreto 924 del Ministerio de Educación es sumamente claro al respecto:

  1. Obligatoriedad de la oferta: Los establecimientos deben ofrecer obligatoriamente dos horas semanales de clases de religión. (Es optativo para el alumno tomarla, pero obligatorio para el colegio ofrecerla).
  2. Autonomía del programa: El colegio no tiene la facultad de alterar los contenidos de la clase de religión para transformarlos en “educación cívica” o “ética ciudadana”. Los planes y programas de la clase de Religión Evangélica son elaborados y aprobados por la autoridad religiosa correspondiente, no por el colegio.
  3. La identidad del credo: Si una familia inscribe a su hijo en la clase de Religión Evangélica, tiene el derecho legal de que a su hijo se le enseñe la Biblia, el Evangelio y la cosmovisión cristiana.

Exigirle a un profesor de religión que omita a Dios es tan absurdo e ilegal como exigirle a un profesor de matemáticas que omita los números para enseñar poesía.

La firma del apoderado: Un contrato que el colegio no puede romper

Según el citado Decreto 924, al momento de matricular a un alumno, el colegio debe presentar a los apoderados un documento donde eligen la formación espiritual para sus hijos.

Las opciones estándar son:

  1. Religión Católica.
  2. Religión Evangélica.
  3. Eximirse de la asignatura.

Cuando un apoderado marca la casilla de “Religión Evangélica”, está firmando un acuerdo legal. Está exigiendo que a su hijo se le enseñe bajo la cosmovisión bíblica y protestante. Si el colegio decide unilateralmente transformar esa hora en una clase genérica de “educación ciudadana”, está engañando a los padres y vulnerando su derecho a elegir la educación moral de sus hijos.

¿Qué pasa con los colegios que son “Fundación”?

En los últimos años, debido a la Ley de Inclusión (2015), la gran mayoría de los colegios particulares subvencionados tuvieron que cambiar su figura administrativa y transformarse en “Fundaciones Educacionales” sin fines de lucro.

Muchos directivos usan este cambio como excusa, diciendo: “Como ahora pasamos a ser una Fundación, nuestro proyecto es estrictamente laico”.

Esto es un engaño administrativo. Que un colegio cambie su RUT o su estructura financiera para convertirse en Fundación no lo exime de cumplir las leyes del Ministerio de Educación. El Decreto 924 sigue aplicando con la misma fuerza: la Fundación está obligada a ofrecer la clase, y los programas de estudio de Religión Evangélica siguen siendo dictados por la autoridad religiosa y visados por el MINEDUC, no por el directorio de la Fundación.

¿Por qué las directivas intentan censurar la clase?

Rara vez un director hace esto por simple maldad; por lo general, es el resultado de una mezcla de ignorancia, miedo y pragmatismo:

  1. Miedo al conflicto: En la cultura actual, los colegios están aterrados de recibir quejas o “funas” en redes sociales por enseñar verdades absolutas. Transformar la clase en “valores ciudadanos” es la salida fácil para no ofender a nadie.
  2. Ignorancia legal: Muchos directores creen, erróneamente, que ellos son los dueños absolutos del currículum de Religión y no saben que están violando un programa oficial protegido por el Estado.
  3. Comodidad curricular: El sistema exige a los colegios enseñar “Formación Ciudadana”. Muchas directivas ven la hora de Religión como un “espacio libre” que pueden secuestrar para cumplir con este requisito estatal, usando al profesor de religión como un comodín ético y ahorrándose trabajo.

¿Qué hacer si el colegio intenta censurar la clase?

Si eres docente de religión o apoderado y te enfrentas a una exigencia de la dirección para “omitir a Dios”, estos son los pasos a seguir:

Paso 1: Exige la instrucción por escrito 

Las direcciones suelen imponer esta censura mediante “sugerencias” verbales, porque saben que su petición es ilegal. Tu primera respuesta como profesor debe ser: “Director/a, para que quede constancia en mi planificación, le ruego que me envíe esta instrucción específica (de no usar la Biblia) por correo electrónico institucional”. Por lo general, al pedirlo por escrito, retroceden.

Paso 2: Presenta una respuesta formal por escrito

Si la presión de la dirección continúa, es fundamental dejar un registro formal. En esta etapa, debes redactar una carta dirigida a la dirección donde, con respeto pero con total firmeza legal, dejes en claro que la asignatura debe regirse estrictamente por el Decreto Supremo 924 del MINEDUC. En este documento debes recordarle a la institución que los contenidos no los inventa el colegio ni la Fundación, sino que provienen de los Programas de Estudio aprobados por el Ministerio y elaborados por la autoridad religiosa, por lo que intentar transformar la clase en “educación cívica” constituye una infracción directa a la ley vigente.

Además, tu respuesta debe apelar directamente al compromiso adquirido con las familias. Es vital mencionar que alterar el contenido vulnera el derecho de los apoderados, quienes al momento de la matrícula firmaron un documento oficial optando explícitamente por la formación Religiosa Evangélica y no otra. Cierra tu comunicación indicando tu imposibilidad legal y de consciencia para vaciar la asignatura de su núcleo teológico, y ofrécete a revisar pacíficamente junto a ellos los programas oficiales emanados del MINEDUC para despejar cualquier duda institucional.

Paso 3: Denuncia ante la Superintendencia de Educación (Supereduc) 

Si el colegio o Fundación persiste, amenaza con despidos o baja las calificaciones del docente por negarse a alterar el programa, el paso final es ingresar una denuncia formal en la Superintendencia de Educación por vulneración al Decreto 924 y desconocimiento de la elección de los apoderados en la matrícula.

Conclusión

Los docentes cristianos en el sistema educativo tienen un llamado valiente. Son llamados a ser luz en un sistema que a menudo busca apagarla. Conocer el marco legal (como el Decreto 924) es fundamental para defender el espacio que la ley otorga con firmeza, pero con gracia.

No debemos aceptar que la fe sea relegada al rincón del silencio. Un colegio verdaderamente laico no le teme a la Biblia; al contrario, respeta la libertad de enseñanza y entiende que la formación espiritual es un derecho inalienable de las familias.

Referencias

  • Decreto 924 (MINEDUC, 1983): Reglamenta las clases de religión en los establecimientos educacionales, estableciendo su obligatoriedad de oferta y la necesidad de ceñirse a los programas oficiales de cada credo.  Leer el Decreto 924 completo aquí
  • Ley N° 19.638 (Ley de Culto, 1999): Establece normas sobre la constitución jurídica de las iglesias y organizaciones religiosas, garantizando la libertad de culto y la igualdad ante la ley. Leer la Ley de Culto aquí
  • Ley N° 20.845 (Ley de Inclusión Escolar, 2015): La normativa que puso fin al lucro y obligó a los colegios particulares subvencionados a transformarse en corporaciones o fundaciones sin fines de lucro.  Leer la Ley de Inclusión aquí
  • Ley N° 21.040 (Desmunicipalización, 2017): Crea el nuevo Sistema de Educación Pública, traspasando los colegios municipales a los nuevos Servicios Locales de Educación Pública (SLEP). Leer la Ley 21.040 aquí
efecto dunning kruger

El efecto Dunning-Kruger en la fe

Siempre me llamó la atención esa vehemente – y en ocasiones agresiva – defensa de creencias que algunos cristianos hacen sin tener idea sobre el tema. Con el arribo de las redes sociales este fenómeno se hizo visible no sólo en discusiones sobre fe, sino también en un sin fin de áreas del conocimiento, como la medicina, política, etc.

Cada vez que surge un incidente noticioso en la franja de Gaza las redes sociales se llenan de “expertos” en geopolítica exterior. Cuando la pandemia estaba en pleno desarrollo, las redes se inundaron de “expertos” en epidemiología y virología. En el ámbito cristiano el asunto no es diferente. Cuando se produjo el cambio de siglo, muchos hermanos se desgastaron defendiendo creencias sobre el fin del mundo, que la marca de la bestia era el código de barras, que el anticristo era el Papa J.P. II, etc. 

Para qué decir de las varias predicaciones con afirmaciones erradas, datos equivocados y doctrinas torcidas de personas bien intencionadas pero con insuficiente preparación. Y esto se sigue repitiendo hasta hoy.

Siempre me pregunté por qué un creyente en el Dios de la verdad, era capaz de hablar tan ligeramente sobre asuntos que no maneja, dejando en descrédito a quien representa, esto es, a Cristo mismo. 

Entonces leí sobre el efecto Dunning-Kruger y me hizo mucho sentido.

¿Qué es el efecto Dunning-Kruger?

grafico efecto dunning kruger

Es un fenómeno psicológico (estudiado y publicado por David Dunning y Justin Kruger en el Journal of Personality and Social Psychology) en el que las personas con menos conocimientos en una materia tienden a sobreestimar sus propias habilidades. Cuanto menos sabemos sobre un tema complejo (como la teología, la historia bíblica o los idiomas originales), más creemos que lo dominamos por completo. Solo cuando empezamos a estudiar de verdad, nos damos cuenta de lo inmenso que es lo que desconocemos.

Se describe de la siguiente forma: Al principio de cualquier aprendizaje (por ejemplo, de una doctrina bíblica), pasamos por estas etapas:

1. El Monte o Cumbre de la Ignorancia

Es donde tenemos mucha confianza pero poco conocimiento. Aquí es donde nacen los debates agresivos y la rigidez absoluta. Se cree que somos los únicos poseedores de la verdad. Un síntoma característico es la incapacidad para responder “no sé o “voy a estudiarlo y te respondo”.

Pensamos que por mojarnos los pies en la playa ya conocemos el mar. Es acá donde nuestra inmadurez espiritual nos impulsa a la arrogancia y a creernos sabios.

“¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él” – Proverbios 26:12

2. El Valle de la Desesperación (o el Valle de la Humildad)

Al empezar a profundizar nuestro estudio (hermenéutica bíblica, exégesis, idiomas originales, teología sistemática, etc.), la curva de confianza cae en picada. Es aquí cuando nos damos cuenta de lo inmenso que es el conocimiento que nos falta y tenemos esa sensación de no saber nada. Es una etapa vital porque rompe nuestro orgullo y nos obliga a depender del Espíritu Santo y no de nuestra propia inteligencia.

3. La Pendiente de la Iluminación

Aquí la confianza empieza a subir de nuevo, pero de una manera muy distinta: lenta y fundamentada.

Ya no solo repetimos y defendemos lo que dice el pastor, sino que entendemos el porqué detrás de las doctrinas. Empezamos a aceptar algunos matices y dejamos de ver todo en blanco y negro. Aquí es donde se empieza a desarrollar la apologética bíblica.

4. La Meseta de la Consolidación (o de la Sostenibilidad)

Es el estado del que ha alcanzado la madurez cristiana. La confianza es alta, pero no en uno mismo, sino en el Señor. No existen los méritos propios, por lo tanto no hay lugar a la arrogancia del principio.

Hay mucho conocimiento y hay sabiduría, pero con la conciencia de que siempre hay más por aprender.

“Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo”. 1 Corintios 8:2

Acá podemos defender la fe con fuertes convicciones y un trato amable, porque ya no se necesita gritar para tener la razón.

¿Cómo combatir este sesgo?

  1. Sé un eterno aprendiz: No le temas a los libros, a la historia o a los idiomas originales. Cuanto más estudies la Biblia con honestidad, más te asombrarás de su profundidad.
  1. Diferencia la Verdad de tu Opinión: La Biblia es perfecta; nuestra interpretación es humana. Mantener esta distinción nos permite ser firmes en lo esencial pero amables en lo secundario.
  1. Escucha antes de condenar: Antes de tachar a otro de perdido o falso maestro por una diferencia de criterio (no doctrinal), intenta entender sus argumentos. La humildad nos permite aprender incluso de quienes piensan distinto.

Conclusión 

Creo que de alguna manera, todos hemos pasado por el proceso de este fenómeno, y con cada área de conocimiento nos sentimos tentados a dar una opinión de manera precipitada. Si crees saber algo, y no has terminado ni siquiera de leer la Biblia, seguramente estás en la primera etapa. No te quedes en la “cumbre de la ignorancia” creyendo que ya lo sabes todo y repartiendo opiniones infundadas. Atrévete a bajar al valle, donde el conocimiento se convierte en asombro y la actitud en mansedumbre y humildad.

Reflexión bíblica sobre las promesas de Dios y la historia de Josué frente a un paisaje de montaña

Promesas de Dios: Por qué ninguna falló este 2025

Hace poco, durante las elecciones presidenciales en mi país, las promesas llovían a medida que se acercaba el día de las urnas. Pero ¿Cuántas de ellas se cumplen? muy pocas. A pesar de que para algunos de nosotros la palabra dada en una promesa es de suma importancia, en general, el hombre es bueno para prometer pero malo para cumplir.

En este cierre de año, podríamos quejarnos de las promesas y metas incumplidas. Enfocarnos en la queja y la rabia, y echarle la culpa al gobierno y a todos los demás por nuestra penosa situación.

Sin embargo, el domingo pasado, mientras escuchaba el sermón en mi congregación, la Palabra de Dios me guió a la historia de un hombre que, pese a tener una vida extremadamente dura, decidió cerrar sus días con un balance muy distinto: Josué.

Una vida de lucha

Muchas veces idealizamos a los personajes bíblicos, pero la vida de Josué no fue un paseo por el parque. No tuvo las comodidades que nosotros damos por sentadas; su existencia se dividió en tres etapas de extrema dureza:

  1. Nació en la esclavitud de Egipto.
  2. Se formó en la escasez del desierto.
  3. Lideró en la crudeza de la guerra.

Josué no era del tipo de personas que pasaba el fin de semana a comer pizza con su familia luego del culto dominical. No era de aquellos que compraba un televisor de 60 pulgadas para ver películas, ni tenía videojuegos, ni sacaba a pasear a sus mascotas. Su vida entera fue de una constante lucha con su entorno. Pero fue precisamente esa vida “sin privilegios” la que le dio la autoridad para decir lo que dijo al final de sus días.

El balance de un hombre que vio lo imposible

Antes de morir, Josué reunió al pueblo. No para quejarse de lo duro que le tocó vivir, sino para dar un testimonio de fidelidad:

“Por mi parte, yo estoy a punto de ir por el camino que todo mortal transita. Ustedes bien saben que ninguna de las buenas promesas del Señor su Dios ha dejado de cumplirse al pie de la letra. Todas se han hecho realidad, pues él no ha faltado a ninguna de ellas.” (Josué 23:14)

¿Cómo pudo un hombre que pasó toda su vida en la esclavitud, el desierto y la guerra decir que Dios cumplió todo? Resulta que Josué fue testigo ocular del cumplimiento de al menos tres promesas sobresalientes:

  • La posesión de la tierra prometida: Bajo el mando de Josué, las tribus de Israel cruzaron el Jordán, conquistaron las ciudades y se repartieron el territorio prometido. En Josué 21:43-45 se resume que el Señor les dio “toda la tierra que había jurado dar a sus padres“.
  • Victoria militar sobre sus enemigos: Josué fue testigo de milagros militares, como la caída de los muros de Jericó y la victoria en Gabaón. Josué recalca en su discurso: “Nadie ha podido resistir delante de vosotros hasta hoy” (Josué 23:9).
  • La presencia y guía de Dios: Josué experimentó esta guía constante a través de las instrucciones precisas para las batallas, la provisión de alimento y la dirección espiritual mediante el Arca de la Alianza. En Josué 1:9 encontramos el lema de su vida, uno de los textos bíblicos más conocidos: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas

El puente entre la promesa y la posesión

La figura de Josué nos sirve como un puente para nuestro propio cierre de año. Él representa la transición del “Dios nos sacará” (esperanza) al “Dios nos dio” (gratitud).

Quizás comenzaste este año con una palabra, un sueño o un anhelo en tu corazón. Al mirar atrás estos 12 meses, es probable que descubras que muchas de esas promesas ya son una posesión en tu carácter, en tu familia o en tu fe.

A veces, nuestra gratitud es corta de vista porque solo agradecemos los “SÍ”. Pero te invito a agradecer también por los “NO” y por todo lo que no siempre es obvio:

  • Las batallas que Dios peleó por ti mientras tú intentabas sobrevivir.
  • Las puertas que se cerraron, siendo en realidad la mano de Dios protegiéndote de caminos que te habrían dañado.
  • La provisión silenciosa que, aunque parecía escasa, Dios nunca permitió que te faltara lo esencial.

Conclusión

Los hombres fallan porque su poder es limitado, pero Dios cumple sus promesas porque Su soberanía es absoluta. Él es fiel, todas sus promesas se cumplirán al pie de la letra.

Terminamos este año, no con la incertidumbre del “¿qué pasará?”, sino con la certeza de “¿Quién nos lleva?”. No importa qué tan amenazante se vea el 2026, ni cuántos gigantes se asomen en el horizonte de los próximos meses. Nuestra confianza no descansa en nuestras fuerzas para pelear, sino en la fe de un Dios que nunca ha dejado una palabra pendiente.

Así como Josué entró en la tierra prometida, nosotros entramos en un nuevo ciclo. No entramos huérfanos, ni entramos a la deriva. Entramos con la herencia de su fidelidad. Porque si Él lo dijo, Él lo hará.

¡Gracias, Señor, por un año de promesas cumplidas y por acompañarnos con tu presencia, guía y victoria en el camino que comienza!