Promesas de Dios: Por qué ninguna falló este 2025

Hace poco, durante las elecciones presidenciales en mi país, las promesas llovían a medida que se acercaba el día de las urnas. Pero ¿Cuántas de ellas se cumplen? muy pocas. A pesar de que para algunos de nosotros la palabra dada en una promesa es de suma importancia, en general, el hombre es bueno para prometer pero malo para cumplir.

En este cierre de año, podríamos quejarnos de las promesas y metas incumplidas. Enfocarnos en la queja y la rabia, y echarle la culpa al gobierno y a todos los demás por nuestra penosa situación.

Sin embargo, el domingo pasado, mientras escuchaba el sermón en mi congregación, la Palabra de Dios me guió a la historia de un hombre que, pese a tener una vida extremadamente dura, decidió cerrar sus días con un balance muy distinto: Josué.

Una vida de lucha

Muchas veces idealizamos a los personajes bíblicos, pero la vida de Josué no fue un paseo por el parque. No tuvo las comodidades que nosotros damos por sentadas; su existencia se dividió en tres etapas de extrema dureza:

  1. Nació en la esclavitud de Egipto.
  2. Se formó en la escasez del desierto.
  3. Lideró en la crudeza de la guerra.

Josué no era del tipo de personas que pasaba el fin de semana a comer pizza con su familia luego del culto dominical. No era de aquellos que compraba un televisor de 60 pulgadas para ver películas, ni tenía videojuegos, ni sacaba a pasear a sus mascotas. Su vida entera fue de una constante lucha con su entorno. Pero fue precisamente esa vida “sin privilegios” la que le dio la autoridad para decir lo que dijo al final de sus días.

El balance de un hombre que vio lo imposible

Antes de morir, Josué reunió al pueblo. No para quejarse de lo duro que le tocó vivir, sino para dar un testimonio de fidelidad:

“Por mi parte, yo estoy a punto de ir por el camino que todo mortal transita. Ustedes bien saben que ninguna de las buenas promesas del Señor su Dios ha dejado de cumplirse al pie de la letra. Todas se han hecho realidad, pues él no ha faltado a ninguna de ellas.” (Josué 23:14)

¿Cómo pudo un hombre que pasó toda su vida en la esclavitud, el desierto y la guerra decir que Dios cumplió todo? Resulta que Josué fue testigo ocular del cumplimiento de al menos tres promesas sobresalientes:

  • La posesión de la tierra prometida: Bajo el mando de Josué, las tribus de Israel cruzaron el Jordán, conquistaron las ciudades y se repartieron el territorio prometido. En Josué 21:43-45 se resume que el Señor les dio “toda la tierra que había jurado dar a sus padres“.
  • Victoria militar sobre sus enemigos: Josué fue testigo de milagros militares, como la caída de los muros de Jericó y la victoria en Gabaón. Josué recalca en su discurso: “Nadie ha podido resistir delante de vosotros hasta hoy” (Josué 23:9).
  • La presencia y guía de Dios: Josué experimentó esta guía constante a través de las instrucciones precisas para las batallas, la provisión de alimento y la dirección espiritual mediante el Arca de la Alianza. En Josué 1:9 encontramos el lema de su vida, uno de los textos bíblicos más conocidos: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas

El puente entre la promesa y la posesión

La figura de Josué nos sirve como un puente para nuestro propio cierre de año. Él representa la transición del “Dios nos sacará” (esperanza) al “Dios nos dio” (gratitud).

Quizás comenzaste este año con una palabra, un sueño o un anhelo en tu corazón. Al mirar atrás estos 12 meses, es probable que descubras que muchas de esas promesas ya son una posesión en tu carácter, en tu familia o en tu fe.

A veces, nuestra gratitud es corta de vista porque solo agradecemos los “SÍ”. Pero te invito a agradecer también por los “NO” y por todo lo que no siempre es obvio:

  • Las batallas que Dios peleó por ti mientras tú intentabas sobrevivir.
  • Las puertas que se cerraron, siendo en realidad la mano de Dios protegiéndote de caminos que te habrían dañado.
  • La provisión silenciosa que, aunque parecía escasa, Dios nunca permitió que te faltara lo esencial.

Conclusión

Los hombres fallan porque su poder es limitado, pero Dios cumple sus promesas porque Su soberanía es absoluta. Él es fiel, todas sus promesas se cumplirán al pie de la letra.

Terminamos este año, no con la incertidumbre del “¿qué pasará?”, sino con la certeza de “¿Quién nos lleva?”. No importa qué tan amenazante se vea el 2026, ni cuántos gigantes se asomen en el horizonte de los próximos meses. Nuestra confianza no descansa en nuestras fuerzas para pelear, sino en la fe de un Dios que nunca ha dejado una palabra pendiente.

Así como Josué entró en la tierra prometida, nosotros entramos en un nuevo ciclo. No entramos huérfanos, ni entramos a la deriva. Entramos con la herencia de su fidelidad. Porque si Él lo dijo, Él lo hará.

¡Gracias, Señor, por un año de promesas cumplidas y por acompañarnos con tu presencia, guía y victoria en el camino que comienza!