El efecto Dunning-Kruger en la fe

Siempre me llamó la atención esa vehemente – y en ocasiones agresiva – defensa de creencias que algunos cristianos hacen sin tener idea sobre el tema. Con el arribo de las redes sociales este fenómeno se hizo visible no sólo en discusiones sobre fe, sino también en un sin fin de áreas del conocimiento, como la medicina, política, etc.

Cada vez que surge un incidente noticioso en la franja de Gaza las redes sociales se llenan de “expertos” en geopolítica exterior. Cuando la pandemia estaba en pleno desarrollo, las redes se inundaron de “expertos” en epidemiología y virología. En el ámbito cristiano el asunto no es diferente. Cuando se produjo el cambio de siglo, muchos hermanos se desgastaron defendiendo creencias sobre el fin del mundo, que la marca de la bestia era el código de barras, que el anticristo era el Papa J.P. II, etc. 

Para qué decir de las varias predicaciones con afirmaciones erradas, datos equivocados y doctrinas torcidas de personas bien intencionadas pero con insuficiente preparación. Y esto se sigue repitiendo hasta hoy.

Siempre me pregunté por qué un creyente en el Dios de la verdad, era capaz de hablar tan ligeramente sobre asuntos que no maneja, dejando en descrédito a quien representa, esto es, a Cristo mismo. 

Entonces leí sobre el efecto Dunning-Kruger y me hizo mucho sentido.

¿Qué es el efecto Dunning-Kruger?

grafico efecto dunning kruger

Es un fenómeno psicológico (estudiado y publicado por David Dunning y Justin Kruger en el Journal of Personality and Social Psychology) en el que las personas con menos conocimientos en una materia tienden a sobreestimar sus propias habilidades. Cuanto menos sabemos sobre un tema complejo (como la teología, la historia bíblica o los idiomas originales), más creemos que lo dominamos por completo. Solo cuando empezamos a estudiar de verdad, nos damos cuenta de lo inmenso que es lo que desconocemos.

Se describe de la siguiente forma: Al principio de cualquier aprendizaje (por ejemplo, de una doctrina bíblica), pasamos por estas etapas:

1. El Monte o Cumbre de la Ignorancia

Es donde tenemos mucha confianza pero poco conocimiento. Aquí es donde nacen los debates agresivos y la rigidez absoluta. Se cree que somos los únicos poseedores de la verdad. Un síntoma característico es la incapacidad para responder “no sé o “voy a estudiarlo y te respondo”.

Pensamos que por mojarnos los pies en la playa ya conocemos el mar. Es acá donde nuestra inmadurez espiritual nos impulsa a la arrogancia y a creernos sabios.

“¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él” – Proverbios 26:12

2. El Valle de la Desesperación (o el Valle de la Humildad)

Al empezar a profundizar nuestro estudio (hermenéutica bíblica, exégesis, idiomas originales, teología sistemática, etc.), la curva de confianza cae en picada. Es aquí cuando nos damos cuenta de lo inmenso que es el conocimiento que nos falta y tenemos esa sensación de no saber nada. Es una etapa vital porque rompe nuestro orgullo y nos obliga a depender del Espíritu Santo y no de nuestra propia inteligencia.

3. La Pendiente de la Iluminación

Aquí la confianza empieza a subir de nuevo, pero de una manera muy distinta: lenta y fundamentada.

Ya no solo repetimos y defendemos lo que dice el pastor, sino que entendemos el porqué detrás de las doctrinas. Empezamos a aceptar algunos matices y dejamos de ver todo en blanco y negro. Aquí es donde se empieza a desarrollar la apologética bíblica.

4. La Meseta de la Consolidación (o de la Sostenibilidad)

Es el estado del que ha alcanzado la madurez cristiana. La confianza es alta, pero no en uno mismo, sino en el Señor. No existen los méritos propios, por lo tanto no hay lugar a la arrogancia del principio.

Hay mucho conocimiento y hay sabiduría, pero con la conciencia de que siempre hay más por aprender.

“Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo”. 1 Corintios 8:2

Acá podemos defender la fe con fuertes convicciones y un trato amable, porque ya no se necesita gritar para tener la razón.

¿Cómo combatir este sesgo?

  1. Sé un eterno aprendiz: No le temas a los libros, a la historia o a los idiomas originales. Cuanto más estudies la Biblia con honestidad, más te asombrarás de su profundidad.
  1. Diferencia la Verdad de tu Opinión: La Biblia es perfecta; nuestra interpretación es humana. Mantener esta distinción nos permite ser firmes en lo esencial pero amables en lo secundario.
  1. Escucha antes de condenar: Antes de tachar a otro de perdido o falso maestro por una diferencia de criterio (no doctrinal), intenta entender sus argumentos. La humildad nos permite aprender incluso de quienes piensan distinto.

Conclusión 

Creo que de alguna manera, todos hemos pasado por el proceso de este fenómeno, y con cada área de conocimiento nos sentimos tentados a dar una opinión de manera precipitada. Si crees saber algo, y no has terminado ni siquiera de leer la Biblia, seguramente estás en la primera etapa. No te quedes en la “cumbre de la ignorancia” creyendo que ya lo sabes todo y repartiendo opiniones infundadas. Atrévete a bajar al valle, donde el conocimiento se convierte en asombro y la actitud en mansedumbre y humildad.