Toda moneda tiene dos caras

Hay un refrán muy antiguo y popular que dice: «Toda moneda tiene dos caras». Nacida de la filosofía clásica, esta frase nos recuerda que es imposible que exista una moneda legal con un solo lado. De este modo, este refrán popular nos advierte que cualquier problema, discusión, conflicto o argumento humano, posee obligatoriamente dos versiones que deben ser escuchadas.

En la era de la inmediatez digital y la cultura de la cancelación, hemos desarrollado una alarmante ligereza para emitir juicios. Basta con un post en redes sociales, un mensaje de audio reenviado o una conversación de pasillo para que dictemos sentencia implacable sobre el carácter o las acciones de alguien.

Este fenómeno, lamentablemente está instalado con fuerza en la iglesia, sea cual sea la congregación. Muchas veces nos encontramos validando comentarios destructivos simplemente porque fuimos los receptores de la “primera versión” de los hechos.

Sin embargo, la sabiduría bíblica y popular nos ofrece una analogía perfecta para atacar este mal: toda situación conflictiva es como una moneda; posee dos caras indispensables. Juzgar la realidad escuchando a una sola de las partes no solo es una deficiencia intelectual, sino que, a la luz de la sana doctrina, se tipifica como un pecado de injusticia e imprudencia.

El veredicto apresurado de la primera versión

“Justo parece el primero que aboga por su causa; Pero viene su adversario, y le descubre”. — Proverbios 18:17

Cuando una persona expone un conflicto en el que está involucrada, su relato —por defecto— tenderá a la autojustificación. Es una inclinación natural del ser humano caído presentar los hechos de manera que sus motivos parezcan puros, sus reacciones justificadas y las acciones de su oponente completamente desmedidas.

El peligro radica en el oyente. Si no ejercemos el discernimiento y la prudencia, compramos una verdad a medias. El texto nos advierte que esa aparente justicia o inocencia del primer relato flaquea e incluso se desmorona cuando aparece el “adversario” (la contraparte) y expone el otro lado de la moneda mediante su propia versión de los hechos.

En otra sección del mismo libro, se enseña lo siguiente:

“Es necio y vergonzoso responder antes de escuchar”.Proverbios 18:13 NVI

Formarse una opinión antes de escuchar activamente a ambas partes es tildado por la Palabra de Dios como una necedad que deshonra (vergonzoso) al creyente.

¿Por qué hay que tener ambas versiones?

¿Por qué siempre hay dos lados en la moneda de un conflicto?

  1. La perspectiva es limitada: Dos personas pueden experimentar el mismo evento exacto y procesarlo de maneras completamente distintas debido a sus trasfondos, sensibilidades o malentendidos de lenguaje.
  2. El filtro del orgullo: Rara vez un relator dirá: «Yo provoqué la situación con mi mala actitud». Lo común es adornar la narrativa para presentarse como la víctima indefensa.
  3. La omisión de datos clave: Al escuchar solo una versión, ignoramos los antecedentes, el contexto previo y las provocaciones que detonaron el estallido del conflicto.

Juzgad con justo juicio

Finalmente, mencionar que cuando nos quedamos con una sola versión de los hechos, estamos juzgando de manera injusta. El juicio de cualquier situación que amerite nuestra incumbencia, lo analizamos en extenso en este artículo: ¿Qué significa realmente “No juzguéis, para que no seáis juzgados”?, Jesucristo no estaba prohibiendo la evaluación moral ni el ejercicio de la justicia, sino el juicio hipócrita, ciego y carente de misericordia.

“No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”. — Juan 7:24

Aquí, Cristo nos otorga un mandato directo. El “justo juicio” es lo opuesto a la ligereza con la que reaccionamos ante la primera versión de un conflicto. Juzgar según las apariencias es quedarnos con la cara de la moneda que nos mostraron primero, dejarnos llevar por la elocuencia de un relato o por la simpatía que le tenemos a quien nos cuenta el problema.

“Juzgar según las apariencias es quedarnos con la cara de la moneda que nos mostraron primero.”

El “justo juicio”, en cambio, exige rigurosidad, imparcialidad y temor de Dios. Es un juicio que se niega a dictar sentencia hasta que se han puesto sobre la mesa todas las evidencias y se ha escuchado a los involucrados de ambas versiones. El creyente que obedece a Juan 7:24 examina antes de abrir la boca.

Conclusión: Llamados a ser pacificadores y no jueces injustos

El apóstol Santiago nos exhorta con vehemencia: «Hermanos, no murmuréis los unos de los otros» (Santiago 4:11). Cuando actuamos como cajas de resonancia de una sola versión, nos convertimos en cómplices de la difamación e instrumentos de la división del cuerpo de Cristo.

Como creyentes fundamentados en la Biblia, nuestra responsabilidad ante el conflicto ajeno es mantener neutralidad defensiva. Si no estamos llamados a mediar formalmente en la situación, nuestro deber es contener la conversación, instar a las partes a reconciliarse siguiendo el mandato de Mateo 18, y rehusarnos a emitir un veredicto en nuestro corazón.

No juzgues la moneda por una sola cara. Imita el carácter de tu Creador, quien es el único que juzga con perfecta rectitud porque tiene delante de Sus ojos la totalidad de la verdad.

¿Has caído alguna vez en el error de juzgar apresuradamente una situación para luego descubrir que la realidad era completamente diferente?

¿Te has formado una mala opinión de un hermano sin escuchar su propia versión de los hechos?

Que Dios nos libre de hacer un juicio injusto de aquellos a quienes no escuchamos.